Chile: La digitalización emerge como uno de los retos estructurales para enfrentar el déficit habitacional
En ese desafío, la adopción de metodologías digitales como BIM aparece como una herramienta clave para mejorar la planificación, reducir errores y acelerar la entrega de soluciones habitacionales.
Marzo 2026.- El próximo ciclo gubernamental heredará una presión creciente en materia de vivienda: responder con mayor velocidad a la demanda sin repetir los problemas de planificación, costos y ejecución que históricamente han afectado a la construcción de proyectos sociales. En ese escenario, la modernización de los procesos aparece como un desafío tan relevante como el financiamiento o la disponibilidad de suelo.
Para Patricio Zapata, Gerente de Éxito de Clientes para Graphisoft Latinoamérica, el reto de los próximos años será avanzar desde iniciativas aisladas hacia una adopción más transversal en el sector. “La magnitud del déficit obliga a elevar los estándares de productividad. Las metodologías digitales permiten planificar mejor, optimizar recursos y disminuir errores que suelen impactar en los plazos de entrega. Chile ya cuenta con un estándar BIM para proyectos públicos, lo que abre una oportunidad para consolidar una forma de trabajo más colaborativa y transparente”, explica.
El Catastro Nacional de Campamentos 2024-2025 de TECHO-Chile advierte que más de 120.000 familias viven en 1.428 asentamientos, la cifra más alta en 29 años y un alza de 10,6% frente a la medición previa. Con un déficit que supera las 750.000 viviendas, el debate ya no se limita únicamente a cuánto construir, sino a cómo hacerlo de manera más eficiente y sostenible.
Uno de los puntos que comienza a ganar espacio en la discusión es la incorporación de metodologías digitales en el desarrollo de proyectos habitacionales. El Building Information Modeling (BIM), metodología que permite integrar en un solo modelo toda la información de una obra antes de su ejecución, es visto por especialistas como una herramienta capaz de reducir improvisaciones, anticipar conflictos técnicos y mejorar la trazabilidad de los procesos.
La implementación, sin embargo, no está exenta de desafíos. Expertos señalan que aún persisten brechas formación universitaria, en capacitación para profesionales del área, interoperabilidad entre actores y adaptación de procesos, factores clave para que la digitalización tenga un impacto real en la vivienda social. A ello se suma la necesidad de fortalecer la coordinación entre organismos públicos, oficinas de arquitectura y constructoras para evitar que la tecnología se transforme en un esfuerzo fragmentado.
En un contexto donde la urgencia habitacional se mantiene como una de las principales demandas sociales, la discusión comienza a desplazarse hacia cambios estructurales en la industria. Más allá de las metas de construcción, el desafío de fondo para la próxima etapa será impulsar una transformación que permita edificar con mayor previsibilidad, eficiencia y calidad, condiciones que hoy se vuelven esenciales para acortar la brecha habitacional del país.


